Licenciada en Derecho y letrada de las Cortes. Una oposición ganada a pulso que la llevó a ejercer en el Senado y a conocer a su entonces presidente de entonces el socialista José Federico de Carvajal, hoy su marido.

Ha venido para hablarnos de su libro. Un libro muy especial.

Desde que Helena Boyra sufrió en sus propias carnes la tragedia de tener una hija con parálisis cerebral se dio cuenta de la cantidad de carencias que tenían esos niños. Cuando Clarita entró en el colegio (año 1992) Boyra entró en la junta de la asociación para la ayuda al paralítico cerebral a la que dedica todo el tiempo que le deja libre el Senado y donde tanta ayuda personal también encontró.
Al editor Raúl Mir, le había gustado mucho la carta publicada en la revista Telva que Helena dedicaba a su hija mayor Clarita, de ocho años, víctima de una parálisis cerebral severa. Quería un libro en torno a la enfermedad, «y yo sólo tenía algunas notas, escritas cuando la niña se puso enferma, creo que para consolarme», cuenta la hoy escritora, «pero a veces eran tenebrosas y tristes y no me apetecía darlas a conocer para no exhibir tanto dolor. Así que rechacé la idea».

La carta de Helena a su hija empezaba así: «Querida hijita. Te recuerdo como eras en tu primer día. Aquella cabecita tan redonda con esos ojos grandes, esa boquita perfecta. Recuerdo cómo te tenía horas enteras junto a mí y te hablaba. Te contaba mil cosas incomprensibles, sólo para que oyeras mi voz y supieras cuánto te quería…». Lee Helena la carta y vuelve a emocionarse. Y es que cuando Clarita cumplió veinte días y la enfermedad se presentó sin avisar, «se quebraron tus alas y se rompieron mis sueños».

El editor insistió cambiando la propuesta. Había pensado en una serie de libros sobre algunas virtudes. Ella eligió la generosidad. «No me atrevía a pontificar sobre el tema, aunque con una hija como Clarita se aprende a ser generoso y a dar y dar, sin recibir nada, aunque me hace feliz estar con ella y ver cómo un día apareció su primera sonrisa».