Un numeroso grupo de Asociadas acudimos invitadas para contemplar la exposición “La piel translúcida” Al terminar nos obsequiaron con un libro sobre esta exposición.

La colección de arte de Iberdrola posee características de singularidad que, además, están ligadas al propio desarrollo histórico de la corporación.

Iberdrola nació como una empresa vasca, radicada en Bilbao, a principios del siglo xx. De aquel momento procede un grupo de pinturas relacionadas con los comienzos de la modernidad artística en el País Vasco, que tuvo su arranque en 1875 con la abolición de gran parte del régimen foral, que condujo a la unificación del mercado español. Son pinturas en las que se observa un gran peso del costumbrismo, así como del espíritu regeneracionista nacido alrededor de la crisis política y social de 1898.

La Colección se desarrolla en torno a tres núcleos principales: el arte vasco desde finales del siglo XIX, el arte español a partir de mediados del siglo XX y la fotografía contemporánea desde hace diez años.

Estos núcleos se relacionan con tres momentos importantes del propio desarrollo corporativo: su nacimiento en el País Vasco, su expansión nacional y su reciente desarrollo internacional.

Se presenta una selección de los dos núcleos más amplios, mostrando un panorama muy esencial y cualificado de pintura y escultura española desde la irrupción de las segundas vanguardias tras la guerra civil y de la fotografía desde que ésta empezó a ser considerada por los museos, en los pasados años 70, como más que un mero documento visual, es decir, a ser considerada como una expresión artística plena y diferente de otras tipologías, con especial representación de fotógrafos alemanes y norteamericanos.

La nómina de escultores representados pasa principalmente por Jorge Oteiza, Eduardo Chillida y Jaume Plensa, mientras que el arte vasco lleva los nombres de los pintores Valentín y Ramón de Zubiaurre, Ramiro Arrúe y Aurelio Arteta, censados en la posguerra y con escenas rurales y cotidianas, a los que se añaden el pintor Aitor Ortiz y el escultor Ibon Arranberri ya en el siglo XXI.