En el Hotel Carlton, hemos tenido una comida-coloquio con el escritor Txema Soria que lleva por título: “LITERATURA Y PERIODISMO, REALIDAD Y FICCIÓN” , con una larga sobremesa que duró hasta las 10 de la noche. Txema Soria es un periodista bilbaíno que en los últimos años se viene ocupando de hacer la crónica social y cultural para un conocido periódico vasco. Pero es sobre todo un periodista que sabe observar lo que tiene a su alrededor e ir más allá de lo evidente.

Quizás por eso, como muchos otros periodistas, ha acabado por dar el salto a la narrativa. Y como muchos periodistas de raza, lo ha hecho de la mano del género negro. La primera novela de Txema Soria es un mosaico de personajes que se entrecruzan para formar una obra coral compuesta por individuos hastiados, de vuelta de todo, que buscan escapar de su propia mediocridad. Emparentada con la novela negra americana de los cuarenta, los personajes deambulan por sus páginas buscando una razón de ser, un amor en el que volcarse o una vida que compartir.

Hay historias intimistas de parejas necesitadas, vivencias de seres cercanos, pero relegados a los rincones más oscuros de una ciudad que podría ser la nuestra. «Un crucigrama en la página de sucesos» (Elea Editorial, Bilbao, 2005) es una novela coral, o un libro de relatos (algunos directamente negros y criminales, otros, en cambio, más intimistas aunque rozados por la mano mágica de lo negro) perfectamente ensamblados entre sí, que de ambas maneras podía ser definido.

Una novela en la que el personaje principal de un capítulo-relato es secundario, o hace un simple cameo, en otro de los citados capítulos, y cuyo protagonista auténtico, el protagonista que unifica la novela, es Bilbao, Bilbao como ciudad, una ciudad anclada en los años setenta u ochenta, en los que los Altos Hornos todavía iluminaban, como dice una popular canción, toda Bizkaia, pero también Bilbao como local, ya que así se llama el antro, pub o discoteca en el que transcurren varias de las historias-capítulos, un local en el que la gente apenas puede verse a causa del humo producido por los cigarrillos y en el que la música de jazz es el contrapunto adecuado a las conversaciones de hombres y mujeres que conocen su irremisible condición de perdedores.