Siguiendo con las visitas guiadas al Museo de Bellas Artes, hemos podido disfrutar de la magnífica exposición de Francisco Durrio.

Durrio se trasladado muy joven a Bilbao, estudió en la Escuela de Artes y Oficios del barrio de Atxuri y en el taller de Antonio Lecuona hasta que, en 1881 viajó a Madrid para trabajar en el taller del escultor Justo de Gandarias en la Ronda de Atocha.

Tras concluir sus estudios en la Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1888 se estableció en París uniéndose al grupo de artistas de vanguardia liderados por Paul Gauguin.

Vivió entre 1901 y 1904 en el célebre Bateau-Lavoir de Montmartre, edificio en el que se reunieron y trabajaron los más importantes artistas europeos del momento. Pero su estancia en la capital francesa se prolongó más de medio siglo y en ese tiempo conoció a muchos de los protagonistas de la, por entonces, vanguardia artística. Trabajó la cerámica junto a Pablo Picasso.

A pesar de estar ya en París en 1889, conservó siempre un fuerte vínculo con Bilbao, su ciudad de adopción y en donde mostró su obra en numerosas exposiciones. Desarrolló, además, una prolongada labor como marchante de arte – especialmente, para su mecenas Horacio Echevarrieta – para contribuir a sus escasos recursos económicos y reunió una importante colección personal de obras de Gauguin y otros autores que, a lo largo de los años, se vio obligado a ir vendiendo para poder sobrevivir.

Entre 1903 y 1905 Durrio centró su interés en la cerámica. Había conocido al ceramista Daniel Zuloaga a través de su amistad con su sobrino, el pintor Ignacio Zuloaga, y ya en París estudió la técnica de la cerámica vidriada y el esmaltado en el taller de Ernest Chaplet, al que también asistió Gauguin con el mismo propósito. Recién llegado a París, Picasso realizaría sus primeras esculturas cerámicas en el estudio de Durrio en Montmartre. Como ceramista Durrio elaboró jarrones, vasijas y otras piezas modelando formas redondeadas de carácter modernista que la ductilidad del barro le permitía conseguir.